Trilero
Dispuse mis cubiletes y esperé. El primer pardillo que acudió sujetaba un desgastado mondadientes entre sus premolares, y lo retorcía con fruición, con su mano diestra, en un movimiento repugnantemente hipnótico.
Se alejó sin que hubiera podido engatusarle. Mis bolsillos vacíos me indicaron entonces que había vigilado la mano equivocada.
Se alejó sin que hubiera podido engatusarle. Mis bolsillos vacíos me indicaron entonces que había vigilado la mano equivocada.
O sea, que el pardillo fue en esta ocasión el trilero. Una buena lección. En la vida, casi siempre, nos encontramos con la horma de nuestro zapato. Buen relato. Felicidades y saludos
ResponderEliminarTrileros, feriantes y demás magos que saben vivir de la gente merecían este homenaje a la inversa. Buenas letras.
ResponderEliminarEl cazador cazado o quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón.
ResponderEliminarCasi cabe preguntarse si es una invitación velada para que engañemos a aquellos que nos están engañando metiéndose nuestro dinero en el bolsillo en vez de emplearlo a fines públicos... Por si fuese esa intención, va mi voto.
Muchas gracias por vuestros comentarios.
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