Se comportaba extrañamente hacía tiempo. Todos lo habían notado, sin darle mayor importancia, sabedores del mal momento personal que pasaba.
Aquella tarde de derbi, cogió el balón y, ante la perplejidad de todos, incluido el trío arbitral, recorrió el campo desde el área contraria, dribló a su portero y... ¡¡¡Goooool!!!
Escrito por José Antonio Barrionuevo