En la puerta del cole
Érase una vez un alma encarcelada en un cuerpo roto, atado a la vida a través de su madre. Ella lo estrechaba con dulzura y entre balbuceos, le veía asomar una sonrisa plena, complacida. Esos ojos que abarcaban el mundo sin sujetarse a nada sabían descifrar el código del amor.
Nada más puro e incondicional que el amor de una madre, sea como sea su hijo, que él recibe, corresponde y entiende, tenga la edad o los meses que tenga, incluso aunque su cuerpo esté roto. Triste y entrañable. Un saludo, Emilia.
ResponderEliminarNo puedo decir mas que enhorabuena por las formas y el contenido del relato. Saludos.
ResponderEliminarCon cincuenta palabras has descrito una vida de abnegación, me ha emocionado. Felicitaciones.
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