Descubrimiento
Siguiendo su saltarina pelota acabó sin querer en la habitación de sus padres. Allí vio por primera vez a la bestia. Una criatura horripilante que desgarraba a su madre entre terribles rugidos y zarpazos.
Años después volvió a encontrarse con ella. Estaba reflejada en los temerosos ojos de su mujer.
Años después volvió a encontrarse con ella. Estaba reflejada en los temerosos ojos de su mujer.
Penita me ha dado, por los temerosos ojos de su mujer, tanto por uno como por la otra. El resto son imaginaciones, mal digeridas, pero imaginaciones.
ResponderEliminarDe tal palo tal astilla, padre maltratador, hijo maltratador.
ResponderEliminarMiguel lo has contado de una forma estupenda, esa bestia del padre, y que luego es él reflejado en los ojos de su mujer. Es una realidad dura, pero que está ahí. Esos hombres son eso BESTIAS, no merecen otro calificativo.
Me ha encantado tu relato,estupendo, muy bueno.
Un abrazo Miguel y gracias por estás 50palabras.
Miguel, has descrito a los maltratadores perféctamente. Aunque más que bestias son monstruos. Las conductas de los padres maltratadores suelen reproducirlas sus hijos y se convierten también en maltratadores. Una verdadera pesadilla.
ResponderEliminarMuy bueno tu relato.
Enhorabuena!
Besos
Conductas aprendidas. Un micro buenísimo, Miguel, muy bien tratado y que además dejas abierto al final lo que produce aún más desasosiego.¡Bravo por ti!
ResponderEliminarSíntesis y concreción, en tu historia, real como la vida misma.
ResponderEliminarEl micro merece una mención especial.
un saludo
Cuánto daño ha hecho el Quimicefa en manos de tiernos infantes sin vigilancia. Les dejas un momento y acaban como el Dr. Jeckill y su Mr. Hide.
ResponderEliminarDejadme con esta interpretación, que me gusta más que la del maltratador.
Un abrazo, Miguel..
Es obvio que la interpretación de los compañeros es la que has querido reflejar en tu estupendo relato, Miguel. Sin embargo, mi lectura particular es algo más freudiana: una metáfora del sexo (sin violencia de por medio) y el temor de fallarle al otro.
ResponderEliminarUn saludo afectuoso.
Me ha encantado tu forma de interpretarlo, Vicente. Es apasionante comprobar cómo un mismo texto puede ser de un color u otro según las gafas con las que lo leas. ¡Genial!
EliminarTienes toda la razón, y más con un micro así de bueno.
EliminarSaludos, Raquel.
Yo también prefiero creer que el niño descubre el sexo en la habitación de sus padres. Y recuerda esta imagen, incomprensible en su momento,en brazos de su mujer. Ay, pero sus ojos son temerosos. Ni en el mejor de los casos deja de ser inquietante.
ResponderEliminarUn abrazo, Miguel.
El relato se hace interesante por los adjetivos calificativos que elegiste tratandose de un "niño" por lo que hay un contraste que potecia la tension. Me gusto! Ala
ResponderEliminarInteresantísimo micro, Miguel. Comienzas con un tono infantil y mágico para cambiar inmediatamente de registro y mostrar uno de los lados más oscuros y crueles del ser humano. Me has dejado sin palabras. A tu pies.
ResponderEliminarEmpiezas el relato con una inocente pelotita y terminas dejando al descubierto toda una dinastía de varones-monstruos. Una muestra de que predicar con el ejemplo suele ser efectivo, el problema viene cuando aquello que se emula está viciado en origen, cuando se da por bueno un comportamiento inaceptable.
ResponderEliminarUn texto efectivo y con buen ritmo.
Un abrazo, Miguel
El descubrimiento del sexo o de la violencia machista pervive en el protagonista hasta revivir esa imagen infantil en el adulto, en los ojos de su mujer. Mi interpretación tan abierta a cualquier otra es que el niño metaforiza esa escena para asumirla y son los ojos de su mujer los que reflejan esa imagen monstruosa. Mimesis de la violencia que puede ejercerse sobre el otro, contado con habilidad hasta la última revelación. Felicidades y saludos.
ResponderEliminarWOW, me dejas sin palabras Miguel... Yo también quisiera darle una lectura freudiana, como dice Vicente, o científica, como dice Patricia sobre aquello de que se les ha ido la mano con el Quimicefa a unos tiernos infantes, pero mucho me temo que el monstruo es un monstruo de los malos, malotes, de verdad.
ResponderEliminarFelicidades Miguel, gran micro.
Besos.
Malu.
Mi interpretación es similar a la de Vicente; hasta que no he leído los comentarios no se me ha ocurrido pensar en el maltrato.
ResponderEliminarMe gusta la imagen de la pelota que rueda y sirve de coartada para entrar donde, de otro modo, no te hubieras atrevido a hacerlo.
Un saludo, Miguel.
Hola Miguel, buen micro. La realidad cotidiana sacada de los ojos inocentes del niño que le enfrenta a lo que verdaderamente se ha convertido. La educación del niño, en todos los aspectos, es fundamental. Si queremos tener hombres y mujeres sanos de mente y cuerpo, primero hay que enseñar a los niños qué es el sexo, el amor y la convivencia. Abrazos.
ResponderEliminarMe quedo con la versión de la violencia doméstica, sea física o sexual. ¡Tanto da! Dicen que en el maltrato hay cierto componente genético, hereditario. Creo que es más una cuestión cultural, de hago lo que veo o lo que he visto. ¡Tanto da también! Sea como sea, tenemos que luchar con denuedo y sin bajar la guardia para conseguir la total erradicación de este mal social.
ResponderEliminarVa mi me gusta, Miguel, y con este mi enhorabuena por tu relato.
Saludos.
Me gustaría contestaros uno por uno pero desgraciadamente no tengo tiempo. Os doy las gracias por el simple hecho de darle un par de minutos de vuestro tiempo a mi pequeña historia. Vuestros comentarios la hacen mejor. ¡ un millón de gracias !
ResponderEliminarMiguel Ibáñez.
¡Oohh! Un lobo hombre suelto en 50palabras Jejeje
ResponderEliminarUm saludo Miguel,
El que la primera escena transcurra en la habitación de los padres, así como la descripción que haces de ella, me lleva también a pensar en un acto sexual, interpretado por la mente infantil como una muestra de violencia. Pero luego está ese adjetivo del segundo párrafo, "temerosos", que deja la historia totalmente abierta.
ResponderEliminarExcelente relato, Miguel, como siempre. Un verdadero placer leerte. Tratas todos los temas que tocas de una manera excepcional y con una narrativa impecable.
Enhorabuena y un abrazo.
Pues yo no había visto la violencia doméstica, me había quedado con una versión más superficial del micro: una generación de hombres lobo machos. Pero leyendo vuestros comentarios veo que tenéis toda la razón. Lamentablemente esas conductas la mayoría de veces la acaban reproduciendo los hijos de las víctimas, que han estado expuesto, y eso lo relata excepcionalmente Miguel.
ResponderEliminarQuizás el reencuentro con el monstruo le hiciera reaccionar a partir de ese momento. La historia se detiene ahí y queda abierta para posibles desenlaces.
ResponderEliminarUn inquietante relato exquisitamente descrito. ¡Felicidades, Miguel!
Otro micro que desgarra. Dicen que muchos maltratadores aprendieron de sus progenitores ese comportamiento, por lo que lo repiten. Es posible que sea así, pero además, tienen que llevar en su interior la maldad suficiente como para convertirse en malas bestias. En este caso entiendo que se trata de degenerados sexuales. Me gusta mucho cómo lo has contado, Miguel, felicidades y un beso.
ResponderEliminarMe uno a la tesis sexual. Quiero pensar que esa "bestia" lo es desde la óptica del niño y no del adulto. Aunque el hecho que su mujer esté asustada invita a pensar en lo otro.
ResponderEliminarEn cualquier caso, buen relato, Miguel.
Saludos cordiales.
En el primer párrafo nos llevas a pensar que el niño descubre a sus padres haciendo el amor, pero él malinterpreta lo que ve. Luego, en el segundo párrafo, nos lo desmontas todo dejándonos con una amarga duda. Muy buen relato, Miguel. Felicidades y un cordial saludo.
ResponderEliminarHola Miguel, cuando leía el texto pensaba en el descubrimiento accidental del hijo viendo a sus padres teniendo relaciones sexuales, luego pensé que podría ser algo sobre la violencia. Al leer los comentarios de los compañeros se me ha ocurrido que quizás sea una mezcla de ambas.
ResponderEliminarFinalmente las muchas interpretaciones que le demos a estas 50 palabras la hacen un relato enorme e infinito del que podemos debatir mucho, y ese es uno de sus grandes méritos.
Mis felicitaciones!!!
Miguel, que bien has contado la sensación que vive un niño la primera vez que ve ese maltrato, con esa mirada entre lo extraño y lo terrorífico.
ResponderEliminarY esa segunda parte, con ese niño convertido en adulto maltratador, me ha encantado cuando has utilizado ese espejo: los temerosos ojos de la víctima. Ojalá este tipo de relatos se conviertan alguna vez en un género de ciencia ficción.
Muy bueno.
Un abrazo.