40º
Desde la cama añoraba a sus compañeros de clase. Le vino a la mente la palabra "álgebra" y una bandada de cifras pobló la habitación. Las "x" se encaramaban por la cortina. Probó con "geografía" y la brisa del océano refrescó su frente.
Entusiasmado, pensó en "cielo" y apareció mamá.
Entusiasmado, pensó en "cielo" y apareció mamá.
¡Qué maravilla! A pesar de la fiebre, es un micro refrescante. Fantasía que da la vuelta a la realidad y nos enseña las costuras de poesía que nos entretejen.
ResponderEliminar¡Muy grande, Carmen!
La fantasía nos nutre las entretelas del alma. Sin ella el mundo sería un lugar muy árido. Tú lo sabes bien, tus letras fantasean de manera genial.
EliminarCelebro que te haya gustado. Besos, Patricia.
Precioso. Gracias, Carmen por compartirlo.
ResponderEliminarMuy entrañable. Qué vengan muchos más como éste.
Salut.
Muchas gracias, Dipandra, por pasarte a comentar. No prometo nada, pero lo intentaré,desde luego.
EliminarUn abrazo.
Carmen que belleza de 50palabras, esa fiebre hace maravillas, pero también realidades. Me encanta esa x subiendo por la cortina, a saber por donde andarán la y, la z. Pero lo mejor es ese final, cuantos de pequeños hemos visto aparecer a nuestra madre y ha sido como llegar al cielo.
ResponderEliminarCarmen me ha gustado mucho, por la poesía que emana al leerte y por la ternura que también continen tus 50palabras.
Besos.
Muchas gracias, Javier. Qué hermosas palabras me dedicas. En su delirio el niño ve las "x" moviéndose como aspas de molino -así lo he imaginado yo-, pero ignoro por dónde andan las otras incógnitas. La figura materna está unida a la palabra "cielo" por diversas razones. Cada cual encontrará la suya.
EliminarMe alegra que te haya emocionado de algún modo.
Besos.
Excelente. Condensa poesía bajo el estado febril de la alucinación. Entre las bellas imágenes que nos ofreces, prevalece la identificación cielo-madre como una constelación mayor.
ResponderEliminarAlto voltaje en cincuenta. Enhorabuena, Carmen, un abrazo.
Me siento muy agradecida por tus elogiosas palabras, Manuel. Me alegra que hayas visto poesía en el relato y, en efecto, la última imagen es la que le da sentido a la historia.
EliminarUn abrazo.
Me haces evocar aquellas tardes en las que , enfermo, escuchaba la radio, creo que el consultorio de Elena Francis, y mi madre me traía la merienda a la cama. De eso hará unos cuarenta años y treinta desde que falta. Gracias a ti, lo estoy reviviendo. Saludos.
ResponderEliminarJesús, qué bello es evocar retazos de la infancia, máxime si perdiste a tu madre tan temprano. Yo también escuchaba a doña Elena mientras merendaba al volver de la escuela. Ahora eres tú quien despierta en mí la imagen de las mujeres cosiendo y pegadas a la radio.
EliminarMuchas gracias por tus palabras. Un abrazo.
La fiebre como hilo conductor que juega con la mente de un niño y tu relato, que juega con nosotros reflejando una situación que todos hemos vivido de pequeños.
ResponderEliminarBuen relato Carmen, y encantado de jugar contigo.
Un abrazo.
Gracias, Antonio. Podríamos seguir jugando con más palabras que despertasen fantasías infantiles y obtendríamos un mapa del imaginario colectivo de una generación. Piénsalo. Sería hermoso.
EliminarUn abrazo.
La fiebre hace que la mente funcione de forma distorsionada, pero no tanto como para no ser capaz de aferrarse a unas pocas palabras, que sirven como asidero para no hundirse en momentos erráticos. El vocablo "cielo" puede evocar la presencia en ese momento de la madre, o quizá una ausencia presente, en todo caso agradable y bienhechora.
ResponderEliminarEl lenguaje es un recurso de primera para crear buenos micros si cae en unas manos adecuadas como las tuyas.
Muy buen relato, Carmen
Un abrazo
Las palabras a las que el niño se aferra despiertan su imaginación y lo acompañan en su soledad de enfermo.Las primeras vienen de manera inconsciente, pero la de "cielo" es buscada como el "Ábrete,sésamo" que le devolverá la presencia de la madre.
EliminarEs cierto que me gusta jugar con el lenguaje. Es lo que todos hacemos en 50palabras, por eso te agradezco tu comentario, porque en esto tú eres un maestro del que aprender cada mes.
Un abrazo, Ángel.
Te diré algo, Carmen. Desde luego que este micro funciona maravillosamente con las cincuenta palabras, pero, en mi humilde opinión, es tan bueno que tal vez puedas aumentar su extensión con excelentes resultados. Cuarenta grados de fiebre, ¿o quizás la medida de un ángulo en Geometría?, ¿o la latitud en Geografía?
ResponderEliminarEn verdad, qué bonito te ha quedado. De lo mejor del mes.
Felicidades.
Un abrazo.
Vicente, agradezco mucho tus generosas palabras y tomo nota del consejo de reescribir un relato más largo. Los 40° de la fiebre los transformas, como un mago, en medidas de otras disciplinas. Y encajan muy bien con la historia.
EliminarCuánto me alegra que te haya gustado. Un fuerte abrazo.
Microcuento que a mí, en particular, me retrotrae a aquellos días de infancia en los que no podíamos ir al colegio por culpa de la fiebre, y en los que, entre los delirios provocados por esa subida de temperatura del cuerpo, podían aparecer, en los escenarios de nuestra mente, elefantes dalinianos con interminables patas de insecto, y toda una caterva de seres híbridos y extraños que parecían recién escapados de un cuadro de El Bosco.
ResponderEliminarPero a pesar de esas sensaciones de vértigo e irrealidad, a pesar de esas estampas que a veces rozaban lo terrorífico, sentía algo así como una dulzura beatífica al saberme el centro de atención de mis padres, de mi madre, sobre todo, que se prodigaba en mimos y en cuidados, y entraba cada dos por tres en la habitación en la que permanecía a oscuras sudando la gota gorda en ese psicodélico cinematógrafo.
Desde luego, ese es uno de los paraísos que pierde uno al crecer. Un paraíso cuyo recuerdo me has devuelto con tu magnífico microcuento, mi agradecimiento y mi enhorabuena por ello y un fuerte abrazo.
Carmen está muy bien construido, además de ser muy bello. Apenas me da tiempo a poneros comentarios, pero si los leo. !Sois muy buenos!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho. Abrazos de los dos,
Te agradezco mucho tu tiempo y tus palabras. Me alegro de que te haya gustado.
EliminarUn gran abrazo para los. Espero veros pronto.
Enrique, gracias por ampliar con imágenes tan bellas y vívidas el delirio febril del niño. Todos hemos pasado por ese dulce e inestable abandono de uno mismo y nos hemos dejado mimar sin rechistar. Además del privilegio de ser el centro de atención, al crecer vamos perdiendo también la capacidad de imaginar como parte de la realidad cotidiana, a menos que la cultivemos con actividades creativas. Y aquí estamos, entre muchos otros, un nutrido grupo de aficionados cincuentistas haciendo un esfuerzo con mejores o peores resultados.
ResponderEliminarSoy yo quien te agradece tu hermoso comentario. Un fuerte abrazo.
Claro, son las asignaturs rebeldes. como no iban a marcar el alfabeto de una escritora... Que buen relato. Saludos.
ResponderEliminarMuy divertida tu opinión. Matemáticas y Geografía siempre han sido un poco duras para un estudiante; aunque he de decirte que yo iba para Ciencias hasta que vi que me arrebataban la Literatura.
EliminarMuchas gracias y sendos abrazos.
Precioso relato, Carmen. Has sabido transformar la fiebre en magia.
ResponderEliminarDudé en cómo interpretar la relación entre “cielo” y mamá. En la primera lectura pensé que ella ya no estaba, pero el “entusiasmado” me llevó a una lectura más optimista.
Enhorabuena, Carmen
Un abrazo.
Las palabras tienen magia por sí mismas, y más en una mente infantil, pero te agradezco que le otorgues tal mérito al relato. En cuanto a la relación cielo-mamá, las dos interpretaciones que propones son válidas. En la primera el niño desea visitar ese cielo en donde está su madre para poder verla de nuevo, en la segunda expresa la calidez y el amor entre ambos.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, Georges. Un abrazo.
Buenísimo relato amiga. La fuerza de las palabras en cincuenta de ellas magistralmente unidas. Me ha encantado. Enhorabuena. Besitos
ResponderEliminarMuchas gracias, amiga, por tu generosidad y calidez.
EliminarBesos.
Carmen, has escrito un relato verdaderamente delirante... mis felicitaciones y la mejor de las suertes.
ResponderEliminarUn abrazo y un beso.
Mil gracias, Jean. A veces es necesario dejarse llevar por la fantasía infantil.
ResponderEliminarUn abrazo que cruce el océano y un par de besos.
Cuando era niña era muy enfermiza. No me gustaba serlo, salvo por una razón: era cuando notaba a mi madre más amorosa y cercana. Solía darme friegas en la barriga, aunque lo que tuviese fueran anginas... Muchas gracias, Carmen, por traerme este recuerdo de ella.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias a ti, María José. Todos guardamos hermosos recuerdos de la madre amorosa que nos cuidaba cuando caíamos enfermos.
EliminarBesos.
Para ser delirio provocado por la fiebre y pensar en cosas del colegio, no le está yendo nada mal. Sobre todo si al final aparece una madre.
ResponderEliminarFelicidades!!!
Sí, así es. Su imaginación le hace disfrutar del delirio febril y, cómo no, de la presencia de la madre.
EliminarMuchas gracias. Besos.
Un niño febril que echa de menos el colegio y sus compañeros de clase. Me gusta ver cómo esos grados de más le hacen fantasear con las matemáticas y la geografía. Pero desde luego, lo que sí es un acierto es la última frase, igualar el cielo con mamá es insuperable.
ResponderEliminarUn beso grande Carmen, nos vemos pronto.
Malu.
Muchas gracias, Malu. Me alegro de que te haya gustado, sobre todo la parte final.
ResponderEliminarYa queda poco para vernos. Mientras tanto, recibe un par de besos.
Carmen, el estado febril a veces es lo más cerca que se puede estar del Nirvana. Se visualizan los deseos y parece que uno flota. Te sientes como iluminado y ocurren las cosas más inverosímiles.
ResponderEliminarTodo eso lo contiene tu bellísimo 50palabras y lo terminas de forma magistral con tu última frase, en la que al ver a su madre se siente en el cielo.
Te felicito amiga por este precioso micro.
Besos
Muchas gracias, Pilar. Me gusta esa sensación que describes. Si es lo que te ha sugerido la historia de este niño, me alegro muchísimo. La figura de la madre cierra el ciclo de sus ensoñaciones.
ResponderEliminarTe envío muchos besos, amiga.
Tu pequeño protagonista, a pesar de estar pachucho, se lo está pasando en grande con esa irrealidad fantástica que le provoca la fiebre. Un micro muy tierno, Carmen, felicidades y un beso.
ResponderEliminarGracias, Matrioska. El niño ha descubierto la magia de las palabras en su estado febril. Ojalá no se le olvide cuando se restablezca.
EliminarNos vemos pronto. Besos.
Precioso y evocador relato, Carmen. Quién no se reconoce en esa situación, dolorosa y placentera a partes iguales. Creo que mi mejor recuerdo de cuando me ponía malo es que mi madre mandaba a alguno de mis hermanos al quiosco a que me comprara tebeos. Me encanta el modo en que has tratado el tema, con ese estado cuasialucinatorio del niño, y con esa última frase que da lugar a dos posibles interpretaciones, una tierna y otra triste.
ResponderEliminarEnhorabuena y un beso.
Nos vemos pronto!!
Estoy de acuerdo contigo, Enrique. Recordamos el placer de alguna dolencia infantil, que nos convertía en seres privilegiados. Podíamos pedir alguna lectura extra o algún postre favorito.
EliminarMuchas gracias. Un abrazo anticipado, que ya queda poco.
Precioso relato, Carmen, pero la mención al cielo final me ha atizado muy duro.
ResponderEliminarSuerte.
Muchas gracias, Carles.
ResponderEliminarSiento el golpe final.
Te compenso con un abrazo en breve.