Al borde del coma
Hubiera preferido no tenerlo conmigo antes que verle así. Este compañero fiel, eje de mi vida social y nexo con el mundo exterior, pronto enmudecería. Mi soledad era inminente. La batería se agotaba inexorable ante mi mirada impotente... ¿Cómo era posible que me hubiera venido de vacaciones sin el cargador?
Ja, ja, ja, llévalo al veterinario...
ResponderEliminarUn beso, Aurora.
Nooooooooooooo, ¿cómo se te ocurre, Aurora?
ResponderEliminarMenos mal que a la vuelta de la esquina tienes un chino...
Un beso.
Malu.
Dentro del logrado tono simpático de este relato, late la realidad de un objeto que forma parte inexorable de nuestras vidas, una prolongación de nuestro propio cuerpo sin la que ya no sabemos estar. Verlo agonizar de energía poco a poco sin poder hacer nada es una sensación que puede provocar gran ansiedad. Ya no recordamos los tiempos en los que no existían, ni siquiera concebimos que algo así sea posible. Por suerte, como dice Malu con su sabiduría práctica, están los chinos con sus cargadores y mil remedios más.
ResponderEliminarUn saludo, Aurora
Pobre amigo inseparable nuestro, fiel compañero de días y noches. Sin ti nada será lo mismo... descansa en paz.
ResponderEliminarIronía mortal de necesidad, Aurora. Se agradece este tono socarrón tan bien construido. Saludos.
Al final no te arrepentirás. Descubrirás miles de cosas que hacer, y verás la de tiempo libre que aparece a tu alrededor.
ResponderEliminarGran relato, Aurora. Genial.
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ResponderEliminarQué genialidad
ResponderEliminarme has pintado una gran sonrisa mientras te leía
y es que es definitivo que nos parece una catástrofe de grandes dimensiones el no poder contar con nuestro móvil, yo salgo a la calle sin él y me siento como desnudo e indefenso.
Genial!
¿El móvil a punto de expirar y sin cargador? ¿Cómo averiguar qué está ocurriendo en las redes sociales? ¿Y en los grupos de WhatsApp? Así no hay quien se relaje contemplando el mar, paseando por la montaña, compartiendo mesa con amigos o leyendo un buen libro. Las adicciones son lo primero. Corre a por un cargador antes de que se acaben las vacaciones.
ResponderEliminarMagnífico, Aurora, te lo dice una adicta. Un beso.
Recomiendo a la protagonista de tu micro que no compre otro cargador y que disfrute de unas hermosas vacaciones desconectada del mundo.
ResponderEliminarSaludos, Aurora
Aurora, estamos dominados por estos aparatos. Parece mentira que hayamos llegado a tal extremo, pero sí, el mundo parece acabarse si el móvil no puede cargar o se rompe. Y lo peor es que cada vez empiezan los niños más chiquitos a tenerlo. Muy muy gracioso. Me ha arrancado unas risas. Un beso.
ResponderEliminarMuy bueno, Aurora. Nos afecta mucho esa carencia, pero de vez en cuando viene bien desengancharse de su influjo. A veces se me olvida en casa cuando voy al trabajo y siento una mezcla de vértigo y libertad sin control.
ResponderEliminarUna nueva experiencia extrema que recomiendo.
Un abrazo.