Condena perpetua
—Bailaré sobre tu tumba —le susurré.
—Eternamente —musitó moribundo.
Desde entonces suele aparecérseme, señala a quienes hablan conmigo y fallecen, retrasando mi muerte tantos años como les roba.
Ayer, desesperadamente solo, cumplí 40 años. Decidí suicidarme.
Hoy, condenadamente vivo, mi maldición amaneció prolongada por la muerte súbita de cuarenta neonatos.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
—Eternamente —musitó moribundo.
Desde entonces suele aparecérseme, señala a quienes hablan conmigo y fallecen, retrasando mi muerte tantos años como les roba.
Ayer, desesperadamente solo, cumplí 40 años. Decidí suicidarme.
Hoy, condenadamente vivo, mi maldición amaneció prolongada por la muerte súbita de cuarenta neonatos.
Qué bueno no saber quiénes sois los que sois, es decir los que escribís. Sin saber quién eres, me parece una hallazgo de factura imperial este relato. Cómo se perpetúa esa condena eterna mediante una fórmula demoníaca que atrapa como Jumanji, aquel juego de la peli de Robin Willians.
ResponderEliminar¿Es posible aplaudir a un anónimo? Vaya pues el mío. Saludos también.
Ah, por cierto, sospecho que pudieras ser...lo anotaré y en noviembre lo comprobaré (jejej).
EliminarGracias Manuel. Recojo con orgullo esos aplausos.
EliminarEfectivamente, soy...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe encanta esta historia. Tan original y creativa. Quizás ligeramente me recuerda a Dorian Gray, tan distinta pero rozando el argumento de la tuya. Aplausos.
EliminarSi, quizá como un Dorian Gray pero al revés, con un pacto demoniaco no deseado.
EliminarGracias por tu comentario, Alejandro.
Te propongo una solución: desentiérralo e incinérale.
ResponderEliminarUn buen micro. Enhorabuena. Saludos
Gracias por comentar y por el consejo Plácido. Me temo que daría igual si lo incinerara o no, la maldición proviene de su espíritu, no de su cuerpo.
EliminarSaludos.
Una maldición que le condena a vivir eternamente a costa de los demás. Será bueno enterarse de quien es para no acercarse a él.
ResponderEliminarBuen relato.
Un abrazo, anónimo.
Gracias por comentar Javier. Buen consejo. Mejor mantenerse alejado si quieres no palmarla.
EliminarUn abrazo.
Una condena a perpetuidad en una vida que nunca se termina. Buen paralelismo en "desesperadamente solo" y "condenadamente vivo". Lo de "a grandes males grandes remedios no funciona en este caso, pues su intento de autoeliminación ha tenido consecuencias fatales.
ResponderEliminarUn personaje condenado a una de las torturas más crueles que puede imaginarse.
Un saludo
Gracias por comentar Ángel. Es demasiado grande el mal para que tenga remedio. Ojalá eso de desear el mal ajeno tuviera consecuencias tan disuasorias.
EliminarSaludos.
Cadena perpetua con la vida por una maldición. Vivir a costa de la vida de los demás tiene que pesar muuucho. Un castigo muy cruel... si se tienen principios. Tu protagonista parece que los tiene y lo está pagando caro.
ResponderEliminarMe encanta!
Gracias por comentar, Galilea. Que pague, que pague. ¿Qué es eso de bailar sobre la tumba de nadie?
EliminarEl personaje de tu microcuento podría figurar entre los condenados de la mitología griega a castigos eternos –Prometeo, Sísifo, Tántalo, Ixión...-, así que ese personaje cruel que ha concebido tan espantosa condena no sé si estará emparentado con los dioses del Olimpo que ideaban tales castigos.
ResponderEliminarLo que sí tiene la historia es el vértigo infinito de la eternidad, la desesperación absoluta al no poder escapar del castigo al que el personaje ha sido condenado por esa amenaza que hizo de forma inconsecuente, lo cual recuerda también el infierno cristiano, en el que los pecadores sufrirán eternamente el castigo del fuego eterno por los pecados cometidos en esta vida.
Así que la historia que es tan desasosegante y angustiosa es a la vez magnífica y muy original, y lo que nos hace respirar tranquilos es que sólo se trata del producto de una gran imaginación.
Un abrazo.
Gracias por comentar, Enrique. Buen paralelismo con el infierno, aunque tal vez fuera esta condena mucho peor.
EliminarLo que más me gusta del relato, dejando de lado la angustia de la maldición que sufre el protagonsita, es la intriga que despierta sobre la relación que une a éste con el muerto.
ResponderEliminarSaludos cordiales.
Gracias por comentar, Carles. Pues parece que la relación, fuera cual fuera, no era muy buena. Esta muy feo eso de bailar sobre tumbas de nadie.
Eliminar¡Vaya poder el de ese muerto! Vivir eternamente, y más en esas condiciones, tiene que ser terrorífico. Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y a quien se dice. Muy imaginativo e intrigante, Anónimo 1. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias por comentar, Juana. Mejor nos iría si fuéramos con el cuidado que dices. Si el mal que deseamos se nos volviera en contra, otro gallo cantaría.
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