Tres segundos
El soldado baja sus pantalones. Defeca. Su cuerpo, ahora aliviado, deja que el cerebro vuelva a centrarse. Las balas del enemigo silban muy cerca de él, otras, impactan tras el muro.
Tres segundos nada más, se dice el soldado, "retortijón, urgencia y diarrea desaforada. Solo tres y fin del enemigo".
Escrito por Maite Moreno
Tres segundos nada más, se dice el soldado, "retortijón, urgencia y diarrea desaforada. Solo tres y fin del enemigo".
Duro relato nos traes. Tan duro y horrible como lo son las guerras. Me ha impactado tanto en contraste con la fragilidad del hombre. Abrazos anonimo.
ResponderEliminarLos retortijones no respetan ni momento, ni lugar. Ya puede ser un examen, un hospital o la guerra, como a tu protagonista.
ResponderEliminarEsos tres segundos pueden valer una vida.
Buen relato.
Un abrazo, anónimo.
Hay necesidades y hay necesidades. ¿Sobrevivir o liberar la urgencia que los retortijones le recuerdan? ¡Carambas! Qué crudeza. Me pregunto, si en una guerra real, ante la lluvia de fuego del enemigo, no se deja simplemente al cuerpo hacer lo que le plazca, cual si fueramos bebés. Espero nunca tener que averiguarlo en carne propia.
ResponderEliminarAplausos a tu relato.
En esos tres segundos se le puede ir la vida, o como bien dices, ganar una guerra.
ResponderEliminarEs curioso, nunca había pensado en las necesidades fisiológicas en medio de una contienda.
Muy original. Besos.
Pues sí que original!!!! Y bien que tres, dos y hasta un segundo valen una vida. Me gustó. Saludos.
ResponderEliminarEl asunto que tratas no es baladí, quien más quien menos sabe lo que son las diarreas, los retortijones y todas esas molestias de nuestros intestinos, pero cuando estas se producen en situaciones extremas pienso que tienen que ser horribles.
ResponderEliminarY sabemos de ellas por lo que han contado quienes han pasado por esos lugares horribles como son los campos de batalla y los campos de concentración, lugares donde parece que no hace ninguna falta que exista infierno después de esta vida, pues ya han existido todos los imaginables en esta, con la monstruosa particularidad de que quienes pasaron por ellos fueron, en muchísimos casos, los justos y no los pecadores.
En fin, que en esos tres segundos se pueden condensar toda la angustia de la vida que zozobra entre la deshumanización, el espanto y la muerte.Duro relato. Un abrazo.
El micro me resulta un tanto confuso. Lo leí ayer y lo releo ahora. No sé si al soldado le da retortijones el miedo o, simplemente, como Nietzsche, está preocupado por la regularidad intestinal.
ResponderEliminarSaludos
Dios mío, Carmen tienes que disculparme, pero al igual que Plácido, la última frase me parece un tanto confusa. Es como si se cargara al enemigo con esa deposición. Saludos y Un abrazo.
ResponderEliminar